jueves, 8 de septiembre de 2011

MENORCA EN KAYAK. (PARTE 5)

VIENDO: Nada
ESCUCHANDO:

cris juanico - vola'm a sa lluna2








El último día fue... Pues eso, el último día.

Nos levantamos con ganas de llegar, pero con pocas ganas de acabar y volver, Gerard muchas menos que yo. Esa mañana nos metimos entre pecho y espalda unos, deliciosamente asquerosos (ya sé que eso no se dice de la comida, lo siento papa) espaguetis de pasta rápida con sabor a pollo, que aún me repiten. Después nos repartimos, como buenos hermanos, la última lata de atún, y nos hinchamos a galletas con leche condensada.

Fue un embarque rápido, después de la visita del perro, independiente, que os expliqué ayer y que vino solito a decirnos "hasta la vista". Fue rápido y creo que triste, triste por acabar, por abandonar aquella calita de cielo, por volver al tumulto de una ciudad como Barcelona llena de lo peor... GENTE.

El tiempo fue bueno, aunque la etapa muy cortita, tampoco dio tiempo para mucho. La entrada en el puerto de Maó estuvo algo densa, de tráfico y de movimiento marino. Era su particular despedida, para recordarnos que había estado presente toooooooooooodo el viaje sin dejarnos palear relajadamente ni cinco millas en toda la travesía.
Una vez nos adentramos en la bahía,el segundo puerto natural más profundo del mundo después del mítico Pearl Harbor según dicen, la mar se convirtió en un espejo de hielo por el que poder patinar sin esfuerzo alguno. A los lados muchas embarcaciones y en las orillas, casas, restaurantes, viviendas, etcétera. Pequeñas hendiduras en la corteza terrestre eran perfectas para abrigar pequeños puertecitos con sus personas trajinando arriba y abajo sin parar.

Nosotros teníamos que ir hasta casi el final del puerto donde ya nos esperaba el jefe para recoger los kayaks y darnos la bienvenida. Hubiéramos preferido un par de isleñas, muy guapas todas y no es un decir, que nos colgaran guirnaldas del cuello, pero en su lugar estaba David de DMS, un tío muy majo, pero que dista mucho de las isleñas ;-), con pasión por este deporte y que lleva un club de chavales en la capital. Después de dejarnos utilizar las instalaciones del club para ducharnos y cambiarnos de ropa se sentó con nosotros a tomar unas cervezas y contar historias de marineros (novatos nosotros). Aún tengo que enviarle las fotos de la travesía. Ya van, ya van, en serio.



Las cervecitas de la victoria:


Después del, merecido, descanso nos pusimos en marcha para dar una vuelta por la ciudad y hacer lo que hace todo turista convencional: COMPRAR REGALOS!!!!

Vistas típicas de Maó:


Aquí es donde llega la nota negativa, la única, de todo el viaje, y curiosamente relacionada con la gente. Extraño, pero como se suele decir en estos casos: es la excepción que confirma la regla.
Nos acercamos a un bar con un letrero en la entrada que rezaba: "La cerveza más fría de Maó. -2.4º" Ja, ja y re-ja, pero ese no fue el problema. Nada más acercarnos a la entrada nos paramos un momento a ver las especialidades que ofrecía el local, Gerard se paró parcialmente delante de la puerta y uno de los camareros le espeta un: -quita "denmedio"- Yo me quedé extrañado y Gerard, contrariado, para ser generoso con la expresión. Al poco rato y después de extrañas miradas del que parece el dueño, ocurrió esto:

GYS.- Nos toma nota?
Dueño.- mgrb@#n¬5
GYS.- Croquetas de sobrasada, callos, cerveza, carne en salsa... y una lata de refresco.
Dueño.- ...

Miro a Gerard con aire socarrón y el intenta esgrimir una sonrisa, que se queda en una mueca terrorífica. Ya empezaba a oler la desgracia cuando...

Dueño.- Sabes que beber de una lata es lo peor del mundo.

El caballero utilizó una mezcla tonal de condescendencia y, una especie de superioridad biodegradalógica (palabro), que nos dejó perplejos.

G.- No me la voy a beber de la lata, voy a traspasar el contenido al baso.

Él también hizo gala de un tono sarcástico, pero mezclado con una mirada de: si vuelves a abrir la bocaza te llevas los dientes en el bolsillo. Mirada que el jefe no llegó a ver.
El dueño, inconsciente él, empezó a decir algo, no sé que fue porque yo ya estaba pendiente de los movimientos de mi colega, que hace gala de tantas malas pulgas como yo, sino más, cosa que aderezada con su odio a este tipo de abusos (también como yo) y con su juventud y energía, hacen de Gerard un cóctel de bombas de tamaño XXL.

Dueño.- ¿?

G.- Pero qué coño pasa... Voy a empezar a repartir hostias...

Yo estaba diciendo algo así como: -deja, no te agobies, que éste imbécil no nos estropee el viaje- Palabras que se perdían en el vacío oscuro del cabreo de Gerard. Justo en ese momento la camarera que estaba detrás de la barra, nos miró, Gerard de espaldas no la vio, pero yo me descojoné con su comentario y, sobretodo, su gesto de después en la barra en la que tenía que morderse el labio para no partirse de risa en la cara de su jefe. Yo aún me reía, no quería para no meterla en un problema, pero no podía parar. Su jefe delante de ella, obviamente, se dio cuenta y le preguntó que pasaba, a lo que ella respondió con una explosión de risas, que por suerte pudo controlar a los pocos segundos.
Cuando se acercó a nosotros para traernos la cerveza me dijo: -no te rías tío que no me aguanto-
A lo que yo sólo pude responder con más risas, ella se alejó a su puesto sonriendo, e inconsciente, de que acababa de salvar a su jefe de una enorme factura en el dentista.
Gerard al verme reír me preguntó que pasaba y es cuando después de explicárselo todo, mi compañero kayakista, se relaja un poco y rechaza la idea de hacerle un carró, puño-cabeza, al dueño. Él se gira y al mirar a la camarera ella le hace el gesto típico de, "no-le-hagas-caso-está-zumbao".
Fin de la historia de como una sonrisa salva una vida.

Después de comer fuimos a tomar un cortado a otro sitio en el que, TAMBIÉN, estaban las sillas que pueblan toda la isla... Esperad que lo voy a gritar:

-SON LAS SILLAS MÁS INCÓMODAS DEL MUNDOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

No caben las piernas, no te puedes apalancar, no puedes cruzar una pierna sobre otra, etcétera. Es una silla en la cualquier movimiento se convierte en la odisea de Ulises.


Acabamos de comprar alguna cosilla y fuimos en busca de nuestras mochilas que nos guardó, muy amablemente, David de DMS en su covertizo del puerto. Poco después, ya convertidos en sherpas...



... fuimos a buscar el autobús y el helado que llevaba, toda la travesía, desde el primer día, buscando Gerard: el Negritón.


Su cara lo dice todo.

Nos terminamos el helado en el autobús, cogimos el siguiente hacia el aeropuerto y, después de facturar, nos sentamos un rato a esperar nuestro vuelo. Vuelo tranquilo, llegada a Barcelona y el padre de mi compi que nos vino a buscar, GRACIAAAAS!!!, y me llevó a casa.

Y ya no hay nada más, así acaban los viajes, con la vuelta. Sin adornos ni florituras. Está todo explicado en los posts anteriores. Claro que quedan cosas en el tintero, especialmente pensamientos, o anécdotas como la ocurrida en una tienda de vestidos, que no se pueden, mejor dicho no se deben, explicar, pero eso lo dejaré para algún post que publique dentro de 5 o 6 años... Si me acuerdo.

Un abrazo y gracias a todos los que habéis seguido la travesía con nosotros. Espero que os haya gustado y/o servido de algo.

Ciao, ciao, ciao.

2 comentarios:

Isaac dijo...

¡IMPRESIONANTE!

¿dónde he puesto mi Kayak????????????

Nombre: Sianakrom dijo...

JAjaajajaja...

La próxima en Fiordos noruegos o Lofoten. :-)_