El piso ha traído una cosa poco buena, no quiero decir mala, porque estoy que me salgo con lo del pisito. Pero es que no voy a poder ir ha recorrer los fiordos noruegos o las islas Lofoten, por encima del círculo polar ártico, en kayak este verano. Había conseguido las vacaciones en agosto y mi colega Gerard estaba de acuerdo. Sólo faltaba planear el viaje, pero no podrá ser.
El viaje no queda cancelado definitivamente, sólo aparcado por un tiempo. En cuanto tenga la oportunidad, osea la pasta necesaria, nos ponemos en marcha en nuestros drakkars a visitar a los vikingos del norte.
Cada cuál que saque sus propias conclusiones. Yo os puedo decir que he estado en el mar, no en una plancha sino nadando y en kayak, con olas desde los 1.5 metros hasta los 3.5 o 4, y esa ola (cierto que es muy difícil hacer el cálculo por la tele), para mí, no mide 30 metros ni de coña. Máximo 20, siendo generosos, y eso no le quita mérito al señor Garrett Mcnamara. Parece que decir que la ola no mide esos 90 pies sea insultar al surf y al surfista, no es así. Oceanógrafos han dicho que no, conocedores de la zona de Nazaré han dicho que jamas se han visto olas así en la zona. Especialistas ya han dicho que NO existen olas superiores a 27 metros sin ser tsunamis... Creo que cualquiera que haya estado en el agua con olas de 3 metros lo sabe.
Para que os hagáis una idea: un edificio de 11 plantas mide aprox. 30 metros.
Para que os hagáis una idea más fidedigna, la famosa pirámide de París, delante del Louvre, mide 21 metros.
Pd.- Después de leer un montón sobre la azaña, mi conclusión es que los surferos son como los cazadores y los pescadores. Con todo el cariño.
Nos levantamos con ganas de llegar, pero con pocas ganas de acabar y volver, Gerard muchas menos que yo. Esa mañana nos metimos entre pecho y espalda unos, deliciosamente asquerosos (ya sé que eso no se dice de la comida, lo siento papa) espaguetis de pasta rápida con sabor a pollo, que aún me repiten. Después nos repartimos, como buenos hermanos, la última lata de atún, y nos hinchamos a galletas con leche condensada.
Fue un embarque rápido, después de la visita del perro, independiente, que os expliqué ayer y que vino solito a decirnos "hasta la vista". Fue rápido y creo que triste, triste por acabar, por abandonar aquella calita de cielo, por volver al tumulto de una ciudad como Barcelona llena de lo peor... GENTE.
El tiempo fue bueno, aunque la etapa muy cortita, tampoco dio tiempo para mucho. La entrada en el puerto de Maó estuvo algo densa, de tráfico y de movimiento marino. Era su particular despedida, para recordarnos que había estado presente toooooooooooodo el viaje sin dejarnos palear relajadamente ni cinco millas en toda la travesía. Una vez nos adentramos en la bahía,el segundo puerto natural más profundo del mundo después del mítico Pearl Harbor según dicen, la mar se convirtió en un espejo de hielo por el que poder patinar sin esfuerzo alguno. A los lados muchas embarcaciones y en las orillas, casas, restaurantes, viviendas, etcétera. Pequeñas hendiduras en la corteza terrestre eran perfectas para abrigar pequeños puertecitos con sus personas trajinando arriba y abajo sin parar.
Nosotros teníamos que ir hasta casi el final del puerto donde ya nos esperaba el jefe para recoger los kayaks y darnos la bienvenida. Hubiéramos preferido un par de isleñas, muy guapas todas y no es un decir, que nos colgaran guirnaldas del cuello, pero en su lugar estaba David de DMS, un tío muy majo, pero que dista mucho de las isleñas ;-), con pasión por este deporte y que lleva un club de chavales en la capital. Después de dejarnos utilizar las instalaciones del club para ducharnos y cambiarnos de ropa se sentó con nosotros a tomar unas cervezas y contar historias de marineros (novatos nosotros). Aún tengo que enviarle las fotos de la travesía. Ya van, ya van, en serio.
Las cervecitas de la victoria:
Después del, merecido, descanso nos pusimos en marcha para dar una vuelta por la ciudad y hacer lo que hace todo turista convencional: COMPRAR REGALOS!!!!
Vistas típicas de Maó:
Aquí es donde llega la nota negativa, la única, de todo el viaje, y curiosamente relacionada con la gente. Extraño, pero como se suele decir en estos casos: es la excepción que confirma la regla. Nos acercamos a un bar con un letrero en la entrada que rezaba: "La cerveza más fría de Maó. -2.4º" Ja, ja y re-ja, pero ese no fue el problema. Nada más acercarnos a la entrada nos paramos un momento a ver las especialidades que ofrecía el local, Gerard se paró parcialmente delante de la puerta y uno de los camareros le espeta un: -quita "denmedio"- Yo me quedé extrañado y Gerard, contrariado, para ser generoso con la expresión. Al poco rato y después de extrañas miradas del que parece el dueño, ocurrió esto:
GYS.- Nos toma nota? Dueño.- mgrb@#n¬5 GYS.- Croquetas de sobrasada, callos, cerveza, carne en salsa... y una lata de refresco. Dueño.- ...
Miro a Gerard con aire socarrón y el intenta esgrimir una sonrisa, que se queda en una mueca terrorífica. Ya empezaba a oler la desgracia cuando...
Dueño.- Sabes que beber de una lata es lo peor del mundo.
El caballero utilizó una mezcla tonal de condescendencia y, una especie de superioridad biodegradalógica (palabro), que nos dejó perplejos.
G.- No me la voy a beber de la lata, voy a traspasar el contenido al baso.
Él también hizo gala de un tono sarcástico, pero mezclado con una mirada de: si vuelves a abrir la bocaza te llevas los dientes en el bolsillo. Mirada que el jefe no llegó a ver. El dueño, inconsciente él, empezó a decir algo, no sé que fue porque yo ya estaba pendiente de los movimientos de mi colega, que hace gala de tantas malas pulgas como yo, sino más, cosa que aderezada con su odio a este tipo de abusos (también como yo) y con su juventud y energía, hacen de Gerard un cóctel de bombas de tamaño XXL.
Dueño.- ¿?
G.- Pero qué coño pasa... Voy a empezar a repartir hostias...
Yo estaba diciendo algo así como: -deja, no te agobies, que éste imbécil no nos estropee el viaje- Palabras que se perdían en el vacío oscuro del cabreo de Gerard. Justo en ese momento la camarera que estaba detrás de la barra, nos miró, Gerard de espaldas no la vio, pero yo me descojoné con su comentario y, sobretodo, su gesto de después en la barra en la que tenía que morderse el labio para no partirse de risa en la cara de su jefe. Yo aún me reía, no quería para no meterla en un problema, pero no podía parar. Su jefe delante de ella, obviamente, se dio cuenta y le preguntó que pasaba, a lo que ella respondió con una explosión de risas, que por suerte pudo controlar a los pocos segundos. Cuando se acercó a nosotros para traernos la cerveza me dijo: -no te rías tío que no me aguanto- A lo que yo sólo pude responder con más risas, ella se alejó a su puesto sonriendo, e inconsciente, de que acababa de salvar a su jefe de una enorme factura en el dentista. Gerard al verme reír me preguntó que pasaba y es cuando después de explicárselo todo, mi compañero kayakista, se relaja un poco y rechaza la idea de hacerle un carró, puño-cabeza, al dueño. Él se gira y al mirar a la camarera ella le hace el gesto típico de, "no-le-hagas-caso-está-zumbao". Fin de la historia de como una sonrisa salva una vida.
Después de comer fuimos a tomar un cortado a otro sitio en el que, TAMBIÉN, estaban las sillas que pueblan toda la isla... Esperad que lo voy a gritar:
-SON LAS SILLAS MÁS INCÓMODAS DEL MUNDOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
No caben las piernas, no te puedes apalancar, no puedes cruzar una pierna sobre otra, etcétera. Es una silla en la cualquier movimiento se convierte en la odisea de Ulises.
Acabamos de comprar alguna cosilla y fuimos en busca de nuestras mochilas que nos guardó, muy amablemente, David de DMS en su covertizo del puerto. Poco después, ya convertidos en sherpas...
... fuimos a buscar el autobús y el helado que llevaba, toda la travesía, desde el primer día, buscando Gerard: el Negritón.
Su cara lo dice todo.
Nos terminamos el helado en el autobús, cogimos el siguiente hacia el aeropuerto y, después de facturar, nos sentamos un rato a esperar nuestro vuelo. Vuelo tranquilo, llegada a Barcelona y el padre de mi compi que nos vino a buscar, GRACIAAAAS!!!, y me llevó a casa.
Y ya no hay nada más, así acaban los viajes, con la vuelta. Sin adornos ni florituras. Está todo explicado en los posts anteriores. Claro que quedan cosas en el tintero, especialmente pensamientos, o anécdotas como la ocurrida en una tienda de vestidos, que no se pueden, mejor dicho no se deben, explicar, pero eso lo dejaré para algún post que publique dentro de 5 o 6 años... Si me acuerdo.
Un abrazo y gracias a todos los que habéis seguido la travesía con nosotros. Espero que os haya gustado y/o servido de algo.
Intentando ser lo más justo posible, seguramente fue uno de los mejores días... No, para mí fue el mejor. Y lo fue por apenas 25 minutos que sucedieron al final de la jornada y, como es una narración cronológica, tendréis que esperar al final del post para saberlo.
El resto del día fue muy bueno, también, empezando por la madrugada en la que llovió mucho y nosotros dormimos como bebés en la cueva del puerto (parece el título de una novela barata de piratas). Nos levantamos y después de preparar todo para nuestra marcha, estibar el material, y volver a ponernos la ropa de trabajo/paleo, nos fuimos a buscar un sitio que estuviese abierto para llenar el buche. Un café con leche y una pasta, azúcar para llenarse de energía, es lo que pidió Gerard; cuando yo iba a pedir mi napolitana de chocolate y el café con leche, en baso, vi que tenían pan recién hecho y le pregunté al hombre si hacían bocadillos. -Sí- fue su respuesta, a lo que yo respondí rápidamente con lo que algunos de vosotros habréis pensado. Uno de SOBRASADA por favor, es lo que dije cayéndome la baba por la comisura de los labios como si fuese Homer Simpson.
La partida fue tranquila, poco viento pero corriente fuerte, más y más correcciones de rumbo y en el horizonte uno de los puntos que más gracia nos hacía visitar: L'illa de l'Aire. Al pasar el racó d'en Bruixa, deidimos seguir en línea recta hacia la isla, ya que yo no estaba seguro de querer acercarme a ella después de costear para llegar a su altura. Menos mal que lo hicimos, es un sitio genial donde lo pasamos bien y pudimos bucear, torpemente, entre algas y muchos peces, algunos de ellos bastante grandes.
Panorámica de la isla:
Panorámica de la costa de Menorca desde la isla:
Los quesitos de los exploradores camino del faro:
En català:
En castellano:
Yo le había comentado a Gerard que, en el foro de KDM, había leído que la isla estaba plagada de unas lagartijas negras, las típicas de la isla.
Permitidme un aparte: Estas lagartijas las tiene mucha gente en sus casas, y no saben de dónde han venido. Las hay de hierro, de barro, negras, de colores, imán, para colgar, para decorar una mesa, de cenicero, etcétera.
Al bajar de los kayaks lo primero que hicimos instintivamente fue buscar con la vista las famosas lagartijas. La conversación fue así, más o menos:
G.- Y las lagartijas? Y.- Yo estaba pensando lo mismo, no veo ni una. G.- Pensaba que habrían tantas que el suelo se movería. ;-) Y.- Jaajajajajaa, tiene razón si lo sé pasamos la noche aquí...
Y a los 30 segundos de estar quietos diciendo esto, empezaron a aparecer, nunca mejor utilizada la palabra, como por arte de magia, un montón de lagartijas negras, muy graciosas. Se mueven con mucha velocidad, estaban mudando la piel y os aseguro que SALTAN. Fue alucinante ver, como una de ellas saltó hacia una ramita para coger una miga de pan. Pop!!
Y la mamá de todas:
Esta planta estaba en toda la isla de l'Aire si alguien sabe como se llama...
Otro de los "momentos" del viaje ocurrió, también en la isla, cuando el, no sé como calificarlo, superviviente-hiperactivo Gerard decidió hacer una vela casera con la basura que encontró en la isla, para aprovechar el viento que se levantó en nuestra estancia allí. Al verlo me dio la risa... Hombre de poca fe. Aquí tenéis las fotos que me dejan mal:
Después de la travesía con Gerard, estoy convencido de que si lo metes en el programa de Supervivientes con un palillo y una cucharilla de postre, a los tres meses se ha hecho un Hilton.
El resto del día fue bueno, nada más salir paró el viento i la vela de Gerard, salvo en momentos puntuales, no le sirvió de mucho. Pero funcionó. Como ya habíamos recuperado el día perdido la etapa fue corta, unos 11 km. aproximadamente, y a las 16:00 estábamos en lo que sería nuestra casa para esa noche. Uno de los sitios más mágicos de la zona: El caló d'en Rafelet.
La calita estaba llena de, como dijo mi colega sin animo de ofender, "comeflores" que "amenizaban" la estancia con una música demasiado alta y un aporreo de guitarra, obviamente no podía faltar, en la que no acertaban los acordes ni usando la técnica del aguilucho. Pero conocimos a más gente genial: unas graciosas señoras que vigilaban, acompañadas de cervezas y patatas, que nadie resbalase en una rampita llena de musgo, para lo que habían puesto unas piedras en forma de barrera, para avisar del peligro. Un par de lesbianas desnudas que nos miraban con desdén cada vez que pasaban a nuestro lado, aún no sé por qué. Una chica morena, muy bonita, que parecía ir acompañada de los comeflores y que no paraba de acercarse a la orilla y esperar, moviendo los deditos de los pies, como si quisiese que le dijésemos alguna cosa. Un hombre con dos perros uno de ellos muy independiente. El señor nos explicó que el perro cuando quería se iba de casa y se acercaba a la cala para darse un bañito y un paseo. Nos hizo dos visitas y no se paró ni para olisquear la comida, fue muy divertido verlo pasar como si de una personita se tratase. Y finalmente conocimos un grupo de profesoras, también nudistas, que estuvieron poniendo a parir a un tal Elías, espero que no lea esto, toda la tarde. Tanto que hasta ellas se dieron cuenta y nos dijeron algo así como:
-Vosotros no digáis nada ehh!!
Así empezó una conversación agradable que duró un ratito hasta que ellas se fueron y nos quedamos solos. Momento que estábamos esperando desde hacía rato. Fue realmente como sentirse en una naturaleza lejana sin ciudad ni civilización, era nuestra última noche de playa solitaria y queríamos aprovecharla. En ella no había nada, ni gente, ni ruido, aparte del leve murmullo de las olas penetrando en las grietas de las rocas, ni ropa, ni cosas, solo yo en una parte, Gerard en otra, y un baño reconfortante que a mí personalmente me trasladó a otro mundo, era de noche y hacía mucho tiempo que no me metía en el mar desnudo, fue genial, el mejor momento del viaje, ese baño de 20 minutos había valido el sufrimiento de las ampollas y las heridas del primer día, el cansancio y la lejanía de la gente que quiero, que al ser tan poca, los echo de menos muy rápido.
Y como este post ya tiene mucho texto, os dejo las fotos del caló d'en Rafelet para que entendáis el porqué:
A la mañana siguiente:
Toda la zona estaba llena de peces, camarones muy peques, peces de roca y cangrejos muy osados. Uno incluso se acero a pellizcarme un pie. Estuvimos un buen rato pensando en el magnífico arroz que saldría si tuviésemos, precisamente eso, arroz.
Es genial despertarse y, en lugar de ver el techo y la ventana de tu habitación, asomarse a un paisaje así:
La verdad es que no hemos pasado buena noche no sé por qué y eso se nota en el cansancio. Hoy era un día de descanso y recuperación unido al de mañana. Aquí lo podéis ver. Nada más salir, nos paramos y nos comunicamos nuestro estado, por la mañana no hubo mucha comunicación. Nos lo tomamos con mucha calma y decidimos parar en Cala en Porter para abastecernos de agua, principalmente, y desayunar algo.
El señor encargado de alquilar los patines y kayaks, se encargó de vigilar nuestros barcos mientras nosotros hacíamos la compra y tomábamos algo a ver si nos reponíamos un poco. Fue mano de santo, al salir de la playa, como por arte de magia, nos encontramos mucho mejor, con más energía, como le gusta decir a Gerard y pudimos disfrutar de las cuevas en, casi, plenitud de facultades. Como casi siempre es mejor una imagen que...
La zona de Cales Coves es genial, monumental. Cova d'en Xoroi, Sant Josep...
Ese punto de luz es el frontal de Gerard:
Yo:
Queremos llegar a Binibeca Vell y recuperar el día perdido. Allí queremos buscar un sitio donde dejar los kayaks y pasear por el pueblo, cenar en un restaurante y descansar bien. De nuevo hay que hacer mención de la gente que nos encontramos en el camino. Nada más llegar al pueblo, no tuvimos que buscar mucho para hacer todo lo que os he dicho. En el mismo malecón había un hombre que se encargaba del puerto y no tuvimos que decirle nada. Nos ofreció el puerto para que dejásemos los kayaks, además nos hizo un regalo cojonudo:
-Ahí tenéis una mangera de agua dulce, el agua es buena para beber.
-Muchas gracias, le queríamos decir...
-Nada que decir es lo que a mí me gustaría. Si alguien os dice algo le decís que "El Marinero" os ha dado permiso.
Juas, juas, ducha fresquita con jabón de coco, depositos de agua rellenos como camellos, y ropa seca y limpia. El Marinero se merece una estatua.
Él también nos dio la bienvenida:
En el pueblo disfrutamos de una buena cena, pulpo a la menorquina, cervecita fresca, carne en salsa, pan con tomate (delicioso por cierto), patatas menorquina, tabla de quesos de la isla y algunas cosas más. Del pueblo hay bastantes fotos os pongo las más chulas:
Yo paseando mi camiseta de AC/DC:
Gerard haciendo de otro personaje histórico:
Ah!!! Se me olvidaba El Marinero también nos ofreció una cueva para dormir y menos mal porque esa noche cayó la de dios.
Pd.- En esta etapa encontramos bastante porquería en el agua. Pd 2.- Gerard sigue con tos, la tiene desde el primer día. Pd 3.- Hoy consigo que no le entre casi agua al kayak, pero no puedo practicar el eskimo, uno de los objetivos del viaje.