viernes, 27 de abril de 2012

LA SOMBRA DEL ÁGUILA (ARTURO PÉREZ-REVERTE)

VIENDO: Nada
ESCUCHANDO: Rac1


Estabaallí, de pie sobre la colina, y al
fondoardía Sbodonovo. Estaba allí, pequeño y
griscon su capote de cazadores de la Guardia,
rodeadode plumas y entorchados, gerifaltes y
edecanes,maldiciendo entre dientes con el catalejo
incrustadobajo una ceja, porque el humo
nole dejaba ver lo que ocurría en el flanco derecho.
Estabaallí igual que en las estampas iluminadas,
tranquiloy frío como la madre que lo
parió,dando órdenes sin volverse, en voz baja,
conel sombrero calado, mientras los mariscales,
secretarios,ordenanzas y correveidiles se
inclinabanrespetuosamente a su alrededor. Sí,
Sire.En efecto, Sire. Faltaba más, Sire. Y anotaban
apresuradamentedespachos en hojas de papel,
ybatidores a caballo con uniforme de húsar
apretabanlos dientes bajo el barbuquejo del
colbacy se persignaban mentalmente antes de
picarespuelas y salir disparados ladera abajo
entreel humo y los cañonazos, llevando las órdenes,
quienesllegaban vivos, a los regimientos
deprimera línea. La mitad de las veces los des
pachosestaban garabateados con tanta prisa
quenadie entendía una palabra, y las órdenes se
cumplíanal revés, y así nos lucía el pelo aquella
mañana.Pero él no se inmutaba: seguía plantado
enla cima de su colina como quien está en
lacima del mundo. Él arriba y nosotros abajo
viéndolasvenir de todos los colores y tamaños.
Le Petit Caporal, elPequeño Cabo, lo llamaban
losveteranos de su Vieja Guardia. Nosotros lo
llamábamosde otra manera. El Maldito Enano,
porejemplo. O Le PetitCabrón.

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